Cerulean

 
 

I grip some of my hair in my left hand, hold it taut. The scissor chews and chews and chews. I drop the severed strands, repeat. I look at the wilted, sun bleached eggplant stem in the mirror, then at the fallout scattered in and around the sink.

My mom was proud when I asked her to dye my hair; it was the first time I wanted to be anything like her. In the after photos, my hair is blue. I am shirtless, the Ankh from my necklace resting in the middle of my flightless bird chest.

I pick up clumps of hair out of the sink, from the bathroom vanity, and drop it all in the toilet. I run some hot water, first to send what’s left down the drain, then to sterilize my mother’s electric razor. The buzz becomes a churning grind as the wilted eggplant stem disappears piece by piece. I stop once my scalp looks like a tattered swatch of carpet before cutting away at it with the scissors. 

Someone asked me during lunch what happened. I ran into the bathroom and into the handicapped stall. I finally saw the splotches of blue on my cheeks and forearms. I should have paid attention to how the color bled from my hair and onto my skin while I showered earlier that morning.

I squeeze some shaving cream into my palm, rub the dollop all over my scalp. I run the hot water, wash this month’s Bic razor. I wince as the razor rakes across my skin. I tap the Bic against the sink until enough hair and stubble fall out from the space between the razor and the guard. I use flecks of toilet paper to stop the bleeding. This is a fresh start, I think before I remember there are no fresh starts in high school.

Agarro un poco de mi pelo en la mano izquierda, la mantengo tensa. La tijera mastica y mastica y mastica. Dejo caer los hilos cortados, repito. Miro el tallo de la berenjena, marchitada y blanqueada por el sol en el espejo, y luego a los cortes dispersos en y alrededor del fregadero.

Mi madre estaba orgullosa cuando le pedí que me teñiera el pelo; era la primera vez en el que yo quería ser algo parecido a ella. En las fotos de después, mi pelo es de color azul. Estoy sin camisa, el Ankh de mi collar descansa en el medio de mi pecho de pájaro que no volara.

Recojo los mechones de pelo en el fregadero, desde el tocador del baño, y lo tiro todo en el inodoro. Corro un poco de agua caliente, primero para enviar lo que queda por el desagüe, y después para esterilizar la maquina de afeitar de mi madre. El zumbido se convierte en una quiebre agitado mientras los tallos marchitos de berenjena desaparece poco a poco. Me detengo una vez que mi cuero cabelludo se ve como una muestra de la alfombra andrajosa antes de cortarlo con las tijeras.

Alguien me preguntó durante el almuerzo que fue lo que pasó. Corrí al baño y al puesto de minusválidos. Finalmente vi las manchas de color azul en mis mejillas y en mis antebrazos. Debi de haber prestado atención a cómo el color sangraba por mi pelo y en mi piel mientras me duchaba anteriormente esta mañana.

Aprieto un poco de crema de afeitar en la palma de la mano, froto la porción por todo mi cuero cabelludo. Hago correr el agua caliente, lavo la maquinilla de afeitar Bic de este mes. Me estremezco a como la maquina de afeitar se rastrilla través de mi piel. Agito el Bic contra el fregadero hasta que el suficiente pelo y hojarasca caigan desde el espacio entre la cuchilla y el protector. Uso escamas de papel higiénico para detener el sangrado. Este es un nuevo comienzo pienso, antes de recordar de que no hay nuevos comienzos en la secundaria.

Traducido por: Gabriel Setright


J. Bradley is the author of The Adventures of Jesus Christ, Boy Detective (Pelekinesis, 2016). He lives at jbradleywrites.com.

J. Bradley is the author of The Adventures of Jesus Christ, Boy Detective (Pelekinesis, 2016). He lives at jbradleywrites.com.